sábado, 14 de febrero de 2026

Baileys: un año de ausencia, un amor que crece

 

Tributo a tu vida con nosotros

Quiero escribir esto como tributo a ti, a tu vida con nosotros, porque ni un año de ausencia borra el amor, lo hace más grande.

 


Nuestro primer encuentro


"Baileys con unos meses, enviado por su anterior familia. Aunque  lo conocí con 7 años, esta foto me recuerda de dónde venía y todo lo que ya había vivido antes de estar con nosotros."

 

Corría el año 2021 cuando, un 26 de noviembre, te vi por primera vez. Fue algo fugaz, pero me dejó un recuerdo imborrable. Andabas cerca de los contenedores de basura; seguro que habías estado bajo los coches, porque tenías tizne en el pelaje, y un collar que me hacía intuir que tenías casa. Yo, como loca de los gatos, te pregunté: “¿Qué haces aquí? ¿Te has perdido?” Y me miraste con esos ojos inmensamente azules como diciendo: “¿Qué dices?” Y echaste a andar, no sin antes darme lugar a hacerte una foto. Ese fue el día que te conocí.

Meses después te vi de nuevo en el jardín  al lado de la tienda, peleando con un gato negro. Otra vez quise meterme en tu vida y os increpé para que dejaseis de pelearos; peleabais por las palomas. Te puse comida, pero te fuiste.


Tu llegada a nuestras vidas

Así llegó aquel 14 de febrero de 2022, el día que definitivamente llegaste a nuestras vidas. Te vi en peligro y te llamé; a partir de ahí, te fuiste metiendo en nuestros corazones, al principio con recelo, pero poco a poco te acostumbraste a venir todos los días. Nos quedábamos con el corazón encogido al marcharnos, sin saber si volverías a tu casa por la noche, porque al final, todos los días, a las 8 de la mañana, ya estabas esperándonos.

 

 


La decisión de llevarte a casa

Pasados varios meses, te llevé definitivamente a casa. Vi el peligro que corrías en la calle y no lo pensé. Una de las mujeres que alimentaba a los gatos de la zona vino un día en septiembre, te vio en la tienda, te hizo una foto y se fue, sin comentar si tu familia te buscaba. Nosotros sí te buscamos como locos: un jueves te fuiste y  no apareciste hasta el martes siguiente, con rastros de haber estado encerrado en algún lugar. Ese fue uno de los motivos por los que decidí llevarte conmigo, y el otro porque estuvieron a punto de atropellarte delante de mis ojos. Pasaron meses hasta que supimos todo, pero tú ya no querías marcharte: nos habías adoptado.

 


 


Tres maravillosos años.

Cuatro 14 de febrero contigo, tres años maravillosos. Aunque los inicios fueron duros, te acostumbraste a nosotros, a tus hermanos peludos, e hicimos una gran familia. Siempre mantuviste tu parte de independencia: nunca estabas con todos juntos, ibas por partes, o estabas a mi lado, dejándome hundir la mano en tu hermoso pelo y acariciarte. Reclamabas mi atención pasando por la casa como un elefante en cacharrería, sobre todo para despertarme. Hasta eso echo de menos.

Otras veces te acostabas cerca de Lovvy, tranquilos, sosegados; lo respetabas cuando comía. La mayor parte del tiempo estabas pegadito a Goldie, dormidos en la cama o al sol en la terraza; tú te movías, y él te seguía, pero esa persecución nunca te incomodaba. No en vano él había sido quien te cuidó cuando llegaste, el primero que tendió su pata y te dio cariño y compañía. Jugabais juntos como los gatazos que erais, a veces peleando sin daño.

Ya las menos estabas cerca de Nash; él era el macho alfa de la manada cuando llegaste. A pesar de ello, tampoco os llevabais mal. Alguna bronquita de vez en cuando, con las naricillas marcadas por “heridas de guerra”, pero nada grave. Y aún así, él fue el primero en darse cuenta de que algo no iba bien contigo; te seguía y te vigilaba, y yo no lo supe hasta el último día, el que nos dejaste, aquel 15 de febrero de 2025.

 

 



Tu huella eterna

Llenaste nuestra casa y corazones con tu presencia, 
inmensa nobleza y ese maravilloso azul de tus ojos. Por eso ahora el vacío es tan grande, tanto como el de tus hermanos, porque no importa cuánto tiempo estuvisteis en nuestras vidas, importa el bien que nos hicisteis, el amor que dejasteis y lo que aprendimos de vosotros.

Y aunque ha pasado un año desde que nos dejaste físicamente, tu presencia sigue tan viva como el primer día. Cada rincón de la casa guarda un susurro de tu nobleza, cada rayo de sol parece recordarnos tu azul profundo. La ausencia no disminuye el amor; lo hace más grande, más fuerte, más eterno.

Baileys, gracias por cada maullido, cada ronroneo, cada salto torpe y cada mirada que decía “aquí estoy, conmigo no estás solo”. Gracias por enseñarnos que la confianza se construye con paciencia y que el cariño verdadero deja huellas que ni el tiempo ni la distancia pueden borrar.

Hoy te celebramos, te recordamos, y te sentimos cerca, porque en nuestros corazones siempre habrá un lugar solo para ti. Y mientras nosotros sigamos aquí, tú también sigues, corriendo como elefante en cacharrería, subiéndote a los muebles, reclamando caricias, siendo nuestro Baileys, único, irrepetible, inolvidable.

 

María F Rivera

All Rights Reserved 




 

Tribute to Your Life with Us

I want to write this as a tribute to you, to your life with us, because not even a year of absence can erase love; it only makes it bigger.


Our First Encounter

It was 2021 when, on November 26th, I saw you for the first time. It was a fleeting moment, but it left an unforgettable memory. You were near the garbage bins; you had probably been under the cars, as your fur was smudged, and a collar made me think you had a home. I, a crazy cat lover, asked you, “What are you doing here? Are you lost?” And you looked at me with those immensely blue eyes as if saying, “What are you saying?” And you walked away, not without letting me take a photo. That was the day I met you.

Months later, I saw you again in the garden next to the store, fighting with a black cat. Once more, I tried to intervene, telling you both to stop; you were fighting over the pigeons. I gave you food, but you left.


Your Arrival into Our Lives

Then came February 14th, 2022, the day you truly became part of our lives. I saw you in danger and called you; from then on, you slowly entered our hearts, cautiously at first, but day by day you grew used to coming every day. We would leave with our hearts in our throats, unsure if you’d return to your home at night, because every morning at 8 a.m., you were already waiting for us.

 


The Decision to Bring You Home

Months later, I finally brought you home for good. I saw the danger you faced on the streets and didn’t hesitate. One of the women who fed cats in the area came one day in September, saw you at the store, took a photo, and left, without mentioning if your family was looking for you. We, however, searched for you like crazy: one Thursday you didn’t appear until the following Tuesday, with signs of having been confined somewhere. That was one of the reasons I decided to take you with me, and the other because you were nearly run over right in front of my eyes. Months passed until we knew the full story, but you no longer wanted to leave: you had adopted us.


Three Wonderful Years

Four February 14ths with you, three wonderful years. Although the beginning was tough, you grew accustomed to us and your furry siblings, and we built a big family together. You always kept your independence: you were never with everyone at once; you came in parts, or sat by my side, letting me bury my hand in your beautiful fur and pet you. You demanded my attention, moving through the house like a bull in a china shop, especially to wake me up. I miss even that.

Other times, you would lie near Lovvy, peaceful and calm; you respected him when he ate. Most of the time, you were close to Goldie, sleeping on the bed or in the sun on the terrace; you would move, and he would follow you, but that little chase never bothered you. He had been the one to care for you when you arrived, the first to extend his paw and give you love and companionship. You played together like the big cats you were, sometimes fighting without harm.

Less often, you were near Nash; he was the alpha male of the group when you arrived. Despite that, you two didn’t get along badly either. Occasional little squabbles, with noses marked from “battle scars,” but nothing serious. And still, he was the first to notice when something wasn’t right with you; he would follow and watch over you, and I didn’t realize it until the last day, the day you left us, February 15th, 2025.


Your Eternal Mark

You filled our home and hearts with your presence, your immense nobility, and those marvelous blue eyes. That is why the emptiness now is so great, as much as with your siblings, because it doesn’t matter how long you were in our lives, what matters is the good you did, the love you left, and what we learned from you.

Even though a year has passed since you left us physically, your presence remains as alive as the first day. Every corner of the house holds a whisper of your nobility; every ray of sun seems to remind us of your deep blue. Absence does not diminish love; it makes it bigger, stronger, and eternal.

Baileys, thank you for every meow, every purr, every clumsy leap, and every gaze that said, “I’m here, you are not alone.” Thank you for teaching us that trust is built with patience and that true love leaves marks that neither time nor distance can erase.

Today, we celebrate you, remember you, and feel you close, because in our hearts there will always be a place only for you. And as long as we are here, you are too, running like a bull in a china shop, jumping on the furniture, demanding affection, being our Baileys — unique, irreplaceable, unforgettable.

 

miércoles, 31 de diciembre de 2025

¡Hasta nunca 2025!

 

2025, solo una cosa buena (una personita) nos trajiste…
y te vas llevándote parte de lo que más quería.
Ojalá 2026 nos devuelva un poco de alegría.
Así que… a tomar por donde gotea la jarra.
Ya formas parte de la lista de años malditos:
1999, 2003, 2011, 2018, 2019… y ahora tú, 2025.
Y mira que me gusta el número 5,
pero esta vez me falló.
 
Que el 2026 llegue con calma, con luz, y con razones para volver a sonreír.
 
2025, you brought us only one good thing (a little person)…
and you leave taking with you part of what I loved the most.
Hopefully 2026 will give us back a bit of joy.
So… down the drain you go.
You are now part of the list of cursed years:
1999, 2003, 2011, 2018, 2019… and now you, 2025.
And even though I like the number 5,
this time it let me down.
 
May 2026 arrive with calm, with light, and with reasons to smile again
 
 María F Rivera 
  All rights reserved 

viernes, 7 de noviembre de 2025

. 🐾 Seventeen Years, My Champion

 

Seventeen Years, My Champion

A few months ago, I wrote what follows because I thought you wouldn’t make it to your 17th birthday. But today, despite the difficult day you’ve had — that we’ve both had — we’re celebrating your life, because you did it. One more year, like a true champion. Always our champion. 🤍



My dear old boy,

I want to write to you now, while you’re still here,
with us, with your gentle gaze,
even though your almost 17 years weigh on every step
and your body grows more fragile each day.

For some time now, osteoarthritis — or whatever it is that troubles you —
has tried to stop you… but it hasn’t.
With your treatment, with our company,
you’ve carried on like a silent warrior,
like that gentle guardian who always kept everything in order,
in your own way, with patience, with a wise old soul.

But for a year now, something has changed.
Your fainting spells, fleeting as shadows,
leave us frozen, our hearts suspended.
The tests say everything is fine,
but they whisper what we don’t want to hear:
that it’s age… and that any day now…
And I don’t want that day.
Not yet.
Not so soon,
because we still haven’t healed from your brother Baileys goodbye,
who left us less than five months ago.
I still don’t know how to live with that absence,
and already I fear yours.

Thank you, my old boy,
for all these years
of pure love and loyalty.
For making us laugh with those short little legs
that sometimes couldn’t quite make the jump,
for playing with your older sister
even when she was so grumpy,
for welcoming every new member so gently,
as if you were a father—or a mother—to them all.
Because you, with your immense kindness,
became the heart of this small family.

Now I see you, there on the terrace,
searching for that little ray of peace,
that moment of warm breeze.
I can’t leave you out long in the heat,
but you wanted to go.
And who could deny you that joy?
One more minute… just one more…

Sometimes your gaze drifts away,
traveling to places I cannot follow.
But you still eat, you still come for cuddles,
and that gives us hope,
even as pain quietly lingers,
knowing you’re slowly fading…

And when you come, heavy and insistent,
seeking our attention with little cries and paws,
we tease you, calling you a nuisance.
But I’ll even miss that.
Because there are so, so many memories,
enough to fill endless pages
with the moments we’ve shared.
And I can’t.
My heart won’t let me.
The tears fall down my cheeks,
and I can barely breathe.

When you’re gone,
no one will dry my tears with soft little caresses.
No one will know, like you do,
when I cry, even over a movie.
No one will come to comfort me
with that unconditional love that only you have.

And you drift away…
slowly, quietly…
but taking a piece of me with you.


Dedicated to you, my faithful companion,
my silent comfort, my wise, sweet boy.
Thank you for every day, for every moment.
When the time comes to let you go,
my heart will go with you.
Always. 🤍

© María F. Rivera — All rights reserved

¡Feliz cumpleaños, mi viejito campeón! 🐾💛

Hace meses te escribí pensando que no llegarías a tus 17 años… pero hoy estamos aquí, celebrando tu vida, tu fuerza y tu ternura infinita. Un año más contigo, mi pequeño gran guerrero. 🎉

🌿🎂✨




Mi querido niño viejito 🤍

Quiero escribirte ahora, mientras aún estás aquí,
con nosotros, con tu mirada suave,
aunque tus casi 17 años te pesen en cada paso
y tu cuerpo se vuelva más frágil cada día.
Desde hace tiempo la osteoartritis, o lo que sea que te aqueja,
trata de detenerte… pero no ha podido.
Con tu tratamiento, con nuestra compañía,
has seguido adelante como un guerrero silencioso,
como ese guardián tierno que siempre ha mantenido todo en orden,
a tu modo, con paciencia, con alma de sabio.

Pero desde hace un año, algo cambió.
Tus desmayos, fugaces como sombras,
nos dejan helados y con el alma en vilo.
Los análisis dicen que todo está bien,
pero todos nos susurran lo que no queremos oír:
que es la edad… y que cualquier día…
Y yo no quiero ese día.
No ahora.
No tan pronto,
porque aún no nos reponemos del adiós de tu hermano Baileys,
que se fue hace menos de cinco meses.

Aún no sé cómo se vive con esa ausencia,
y ya temo la tuya.
Gracias, mi niño viejito,
por todos estos años
de amor y lealtad pura.
Por hacernos reír con esas patitas cortas
que a veces no daban para el salto,
por jugar con tu hermana mayor
aunque ella fuera tan arisca,
por recibir a cada nuevo miembro con ternura,
como si fueras un padre o madre para todos.
Porque tú, con tu bondad inmensa,
te volviste el centro de esta pequeña familia.

Ahora te veo, ahí, en la terraza,
buscando ese rayito de paz,
ese momento de brisa cálida.
No puedo dejarte mucho por el calor,
pero tú has querido salir.
¿Y quién puede negarte eso que te da alegría?
Un minuto… solo un minuto más…
A veces tu mirada se pierde,
viaja a lugares donde no puedo seguirte.
Pero aún comes, aún te acercas a pedir caricias,
y eso nos da esperanzas,
aunque el dolor se asome,
silencioso, sabiendo que te vas apagando…

Y cuando vienes, pesado y exigente,
buscando nuestra atención con quejidos y manitas,
te decimos en broma que eres un cansino.
Pero hasta eso extrañaré.
Porque son tantas, tantísimas las cosas vividas,
que llenaría páginas y páginas
con los recuerdos compartidos contigo.
Y no puedo.
El corazón no me deja.
Las lágrimas corren por mis mejillas,
y apenas si puedo respirar.

Cuando ya no estés,
nadie secará mis lágrimas con sus caricias suaves.
Nadie sabrá, como tú,
cuando lloro, incluso por una película.
Nadie vendrá a consolarme
con ese amor incondicional que solo tú tienes.
Y te vas alejando…
despacio, sin hacer ruido…
pero llevándote un pedazo de mí contigo.


Dedicado a ti, mi compañero fiel,
mi consuelo silencioso,
mi niño sabio de mirada dulce.

Gracias por cada día, por cada instante.
Cuando llegue el momento de dejarte ir,
mi corazón irá contigo.

Siempre. 🤍

— María F. Rivera
© Todos los derechos reservados.

miércoles, 15 de octubre de 2025

Ocho meses sin ti, mi querido Baileys!

 

 

🌸 Ocho meses sin ti, mi querido Baileys🌸

Ha sido una tarde muy complicada, llena de mil cosas… y yo con el corazón encogido, porque hoy hace ocho meses desde que se fue mi precioso Baileys, mi gato hermoso de ojazos azules.

Pienso en él todos los días. Cuando llamo a sus hermanos para comer, también digo: “¡Baileys, a comer!” A veces, incluso cuando llamo a otro de ellos, su nombre se me escapa sin querer. Es como si siguiera aquí, acompañándome entre los sonidos de casa.

Ahora mismo estoy ahogada en lágrimas, con una congoja en el pecho. Sé que el tiempo todo lo suaviza, pero hay días como hoy en los que la herida se abre de nuevo y duele más que nunca. Quisiera gritar cuánto le extraño, cuánto me duele en el alma su ausencia.

A veces me culpo por no haberme dado cuenta de que algo no iba bien. Fue repentino, pero estoy segura de que su riñón ya le fallaba desde hacía tiempo. Si tan solo hubiera mostrado alguna señal… Pero se supone que para eso estamos nosotros, los padres humanos, para entender qué sienten, qué les duele.

Desde entonces, intento no tener ningún descuido con su hermano mayor. Le doy sus medicinas, aplazo todo por él, y me esfuerzo por que cada día cuente. Solo quiero que, cuando llegue su momento, no sea por falta de cariño ni de cuidados.

El recuerdo de mi Bailyto seguirá rompiéndome el corazón, igual que el de mi Chiyu y mi Fifi, que desde hace siete y seis años siguen teniendo mi alma hecha pedazos.

Pero aquí sigo, con el alma rota, pero en pie. Por los que quedan.
Y con la esperanza de que ellos —desde ese lugar donde siempre amanece— nos cuiden, nos acompañen y sigan llenando de amor la casa que un día compartimos.

💫
Con todo mi amor,
Para ti, mi Baileys, mi niño bonito de ojos azules.



 

🌸 Eight Months Without You, My Dear Baileys 🌸

It’s been a complicated afternoon, full of a thousand little things… and here I am, with my heart in a knot, because today marks eight months since my precious Baileys, my beautiful blue-eyed boy, left this world.

I think of him every single day. When I call his brothers to eat, I still say, “Baileys, time for dinner!” Sometimes, even when I call one of the others, his name slips out — as if he were still here, moving quietly around the house.

Right now, I’m in tears, with a tightness in my chest that won’t let go. I know that time softens everything, but there are days like today when the wound opens again, deeper and sharper than ever. I want to scream how much I miss him — how much his absence hurts my soul.

I still blame myself for not realizing that something was wrong. It all happened so suddenly, but I’m sure his kidneys had been failing for some time. If only he had shown some sign… But that’s what we, their human parents, are supposed to do — to notice, to know when something hurts them.

Since then, I’ve tried to be extra careful with his older brother — giving him his medicine, postponing everything for him, making sure that when his time comes, it won’t be for lack of love or care.

The memory of my sweet Bailyto will keep breaking my heart, just like Chiyu and Fifi, who left seven and six years ago but still hold pieces of my soul.

And yet, here I am — with a broken heart, but still standing. For those who remain.
And with the hope that they, from that place where the sun always rises, are watching over us… with love.

💫
With all my love,
For you, my Baileys — my beautiful blue-eyed boy.

 

María F Rivera 

  All rights reserved

martes, 18 de febrero de 2025

Eternamente...


 


 

Mi querido niño,
El de los ojos bellos…

Te has ido, mi amor. Llegaste a nosotros un bendito 14 de febrero,  fue amor a primera vista… o quizás a primera comida, ¿quién sabe? Nos prometiste amor eterno con tu inocente mirada azul cielo, pero nunca dijiste que un día partirías y que seguirías amándonos desde el otro lado del arcoíris.

Nos diste todo lo mejor, salvo algún pequeño disgusto al principio. Pero luego, durante estos tres años, fuiste el gato más bueno y agradecido del mundo. Tuviste la dicha de contar con dos familias que te amaban (aún te aman), y allí donde pasabas dejabas una corte de enamorados. Hasta club de fans tenías: te fotografiaban, compartían tus imágenes con amigos y familiares, incluso te subían a las redes.

Pero, entre todas las personas del mundo, tuve la fortuna de que me eligieras a mí para ser tu madre, tu Karen. Estos tres últimos años, cada minuto a tu lado fue un regalo de la vida, esa misma vida que, con su cruel costumbre, nos arrebata lo que más amamos. Y aquí nos tienes ahora, rotos por tu ausencia.

Tus hermanos te buscan, están tristes, apáticos. No quieren salir al catio porque ya no estás allí arriba, encaramado en vuestra torre, mirando al infinito. Eras tan feliz, te sentías dueño del mundo, y lo disfrutaste con la intensidad de quien sabe que la vida es un instante.

El dolor nos ahoga. Tres años parecen toda una vida cuando el amor es tan grande. Como cuando partieron tus hermanos, esos que ahora te esperan allá arriba. Podrás contarles todo lo que viviste con nosotros, el amor que te dimos. Y aunque ellos, desde el otro lado, ya lo hayan visto, sonreirán y te dirán: “Así tenía que ser”, porque te lo merecías. Y tú les contarás cuánto amor nos ofreciste, como el que hoy nos dejas a nosotros, en cada rincón de esta casa, en cada latido de nuestros corazones.

Te di el último beso, el último abrazo, el pasado 15 de febrero. Y en tu infinita bondad, me concediste un día más, para que no me quedara en la memoria la tristeza de un 14 de febrero.

Vuela alto, mi niño amado. 🌈💙 Y espéranos allá donde siempre amanece.

 

 María F Rivera

 All rights reserved


 

domingo, 25 de diciembre de 2022

El gato que ya no está triste.

 

 

Queridos Karen y Karen macho:

Como sabéis vengo de una familia numerosa, muy numerosa en una casa pequeña, tanto que siempre teníamos la ventana abierta para que pudiéramos salir y así no estar todos apretados en ella, por lo que la mayor parte de mi vida la pasé en la calle, comiendo aquí y allí donde veía a esas chicas tan buenas que ponen comida a los michis que no tienen casa, y claro tenía que compartir, y eso es duro. Hacía mis cositas en la calle, dormía bajo los coches, estaba tiznado y lleno de pulgas todo el tiempo aunque era feliz a mi manera.

Soy bueno con las personas y much@s se paraban a acariciarme y decirme cosas  bonitas, pero no todo el mundo es así, alguna que otra vez me han echado de algún sitio de malas maneras. Otras  veces contemplaba por las ventanas a esos michis que tenían la suerte de tener una familia normal,  con una Karen y un Karen macho, sentados en el regazo de uno u otro recibiendo caricias, una casa calentita en el frio invierno y un lugar fresco en los calurosos días de verano.  He dicho que a mi modo era feliz, pero no podía evitar derramar una lagrimita al observas esas escenas, al fin y al cabo todos tenemos nuestro corazoncito, los animales, los michis como yo también.

Por eso, el año pasado por estas fechas yo pedí algo, un solo regalo. En la noche levanté mi mirada al cielo, ahí por donde dicen que pasa el trineo de Santa y por donde apareció la estrella que guio a los Magos de Oriente, y dije Por favor, quiero para el año que viene tener una familia, una vida como esas de detrás de las ventanas, quiero mis papás humanos, sentir el calor de un hogar, quizás con algún hermano peludo pero no tantos, para que las comida, las caricias y los mimos alcancen para todos

Pero pasó Navidad y parecía que Santa y los Reyes Magos habían pasado de largo, mi vida seguía igual, pasó enero con sus lluvias, su frío, luego llego febrero…. Y por fin ¡MI REGALO! Llegó un poco tardío; dicen que más vale tarde…aparecisteis vosotros, mi Karen y  mi Karen macho que me invitasteis a comer una mañana, y pasar un ratito con vosotros en vuestra tienda, y luego otra mañana, otra y otra más. Las mañanas se convirtieron en días, cuando tocaba irse se nos rompía el corazón a los tres , a mi porque me quedaba pasar toda la noche al raso si acaso no podía volver a mi casa, a vosotros porque no sabíais si tendría cobijo.

Pusisteis una casita de cartón con una cobijita en la puerta de la tienda por si después de mi ronda me daba por regresar, alguna vez lo hice y créeme que intenté abrir la puerta pensando que estabais dentro, pero no era así entonces la tristeza me invadía de nuevo. Aunque desparecía al día siguiente cuando os veía llegar.

Pasaron los meses y mi vida fue cambiando poco a poco, hicisteis lo posible por hacerme sentir bien, querido , uno más de vosotros pero había algo frenaba para que  pudiera ser totalmente vuestro , esa familia mía… que aunque ni se había dado cuenta que yo andaba rondando otros lugares, estaba ahí.

Llegó agosto con sus vacaciones y os preguntabais que hacer conmigo cuando cerrarais unos días, imaginar que al volver yo no estuviese os aterraba, podía pasarme algo en esos días, quizás me olvidase de vosotros.. Ese era vuestro miedo. Pero el destino que a veces no es tan cruel hizo que un día vierais con vuestros propios ojos como  corría contento a vuestro encuentro y casi me atropella un coche, el corazón se nos paralizó a los tres y justo esa tarde ya no volví a quedarme fuera expuesto a todos los peligros, me dejasteis en la tienda, con mi comida, mi arenita y toda la tienda para disfrutar, el siguiente día fue duró porque tocó Vet, test, pipeta etc. Y esa noche por fin dormí en el que iba a ser mi nuevo hogar, conocí a mis hermanos,  como todo comienzo fue un poco complicado el viejito (como le llamo) es un amor, súper tranquilo. El nervioso (así lo veo) tiene mi misma edad y será por eso que chocamos más. El rubio, es el peque de la casa  y es con quien me llevo mejor  pero poco a poco nos hemos ido acostumbrando y se puede decir que ya nos queremos.

Ahora no solo tengo a mis papas humanos, mis hermanos, también tengo una tía que me adora aunque es un poco sobona, y cada vez que me ve no deja de toquetearme y hacerme rabiar, pero sé que me quiere también, como mi primo. Hasta llegaron los tíos de América que me los eché al bolsillo tan sólo con dirigirles una mirada con mis ojazos color de cielo.


 Sigo yendo a la tienda todos los días porque pensáis que es mejor, como os reís de mí cuando contáis a la gente que soy el único hijo que va a trabajar con vosotros para poder seguir dando de comer a mis hermanos, pero eso me gusta porque me siento especial.

Y hoy cuando dicto esto a mi Karen, después de pasar mi primera Nochebuena en un hogar que ya siento mío, aquí al solito de este maravilloso día de Navidad doy gracias y he vuelto a pedir un regalo, pero esta vez no para mí, sino para todos esos michis que aún siguen ahí fuera, ojalá ellos también puedan disfrutar de un hogar la próxima Navidad, pero si es antes mucho mejor.

 

Esta historia está basada en hechos reales aunque se han obviado los nombres y el lugar para preservar la privacidad de los protagonistas, y se han dramatizado un poco los hechos por el bien de la historia.

Gracias a todos los que leyeron hasta el final y los que no...

 

                    PD  (SANTA Y LOS MAGOS DE ORIENTE EXISTEN)

 

 Firmado.

El gato que ya no está triste.

all rights reserved


Pd (Casi un año después apareció la que era su familia, que lo querian y lo seguian queríendo, no era como habíamos imaginado, pero nuestras almas ya estaban conectadas y se quedó con su nueva Karen( o sea yo) aunque seguimos en contacto con su anterior familia)


 

 

viernes, 17 de diciembre de 2021

10 años sin ti

 10 años ya...

No hay día que no te piense, ¡hay tantas cosas que te traen a mi mente! palabras, dichos, refranes, gestos. Te tengo tan presente, alguna que otra vez cuando tengo que dar mi DNI me sorprendo dando el tuyo. Estás en casi todos mis sueños, algunos bastante raros la verdad, ¿será quizás que un poco de tí se quedó conmigo? no sé pero...

Dicen que el tiempo todo lo cura, aunque siempre he pensado que simplemente  sólo hace más llevaderas las ausencias, el dolor. Hoy hace diez años desde que te fuiste y las cosas han cambiado mucho desde entonces, no somos los mismos aunque lo parezcamos, la vida ha ido pasando, algunas veces arrollándonos cual camión, dejando nuestras ilusiones dispersas por el asfalto, pero otras veces nos acaricia como suave brisa  del mar, y todas esas caricias tienen nombre propio, sé que lo sabes porque allí donde estas lo ves todo. 

No hay día que no piense en ti...

María F Rivera all rights reserved

domingo, 3 de octubre de 2021

Con el alma rota pero sigues viviendo

 

No sé si un día escuché, leí o quizás yo misma la pronuncié, pero hoy llegó de nuevo a mi pensamiento, no sé porqué, no es una fecha especial, es un día cualquiera pero llegó así de pronto como si hubiese estado aletargada en mi subconsciente.

 Con el alma rota, pero sigues viviendo. ¡Hay tantas cosas que pueden romper el alma! Un corazón roto con el paso del tiempo se puede recomponer, por muchos trozos que haya desperdigados por tu vida, pero ella... ella es intangible, ¿como recomponer algo que no puedes ver? ¿Cómo saber en qué preciso instante saltó en pedazos invisibles?, quizás comenzó a desquebrajarse con esas pérdidas inevitables con las que te azotó la vida, hermano, padres, familia, amigos; esos pequeños seres tan amados que te trajo la vida y te quitó sin contemplaciones. 

Y así un cúmulo de pequeñas o grandes cosas y un día con la más leve brisa salta en pedazos, pero no te das ni cuenta porque la vida sigue, tú sigues; sin percatarte que ya no eres la misma persona, aunque te gusten, rías, llores, grites o simplemente te sean indiferentes las mismas cosas de antes. A veces haces como que no sientes, pero sientes. 

Nunca supiste lo fuerte que eras hasta que te diste cuenta de que:

Con el alma rota, pero sigues viviendo.


     
María F Rivera all rights reserved